Aterciopelados

Estaba, uno de estos días, en casa de la vecina compartiendo un cafecito y cogiendo ‘un diez’ de las tareas de la casa y de cuidar a un familiar enfermo -tarea muy estresante para un primerizo. La vecina vive sola y acostumbra a mantener el televisor encendido ‘para matar el silencio’ y no lo apaga aunque llegue alguna visita, así que nuestra degustación del negro néctar transcurría agradablemente amenizada por el sonido del canal Cubavisión (el estilo y las frases son totalmente intencionales). En medio de una conversación trivial escucho música conocida, me acerco al televisor para comprobar lo que de oídas no me parecía posible y para mi sorpresa era cierto, imagen y sonido de Gema Corredera y Pável Urquiza interpretando ‘Yo quisiera parar de fumar’. No recuerdo con precisión cuantos años hace de que esa divertida canción ‘pegó’ y fue transmitida hasta el aburrimiento por la radio y la TV. Tampoco recuerdo el momento exacto en que, posteriormente, ellos ‘se perdieron’ como Lucas y Lucía y pasaron a formar parte de esa legión, silenciosa e invisible de ‘idos’, ‘quedados’ o ‘aterciopelados’ que son tan comunes en nuestros días.

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Sobre los jóvenes y el cambio

Quizás me estoy poniendo viejo y me creo que (como generación) soy el mejor capacitado para el relevo y que a esos jovencitos les falta mucho por aprender… Quizás a la hora de arreglar el desastre tengamos que decir como se decía al inicio (y se dijo después, y se sigue diciendo): ‘con estos bueyes hay que arar’ y se inicie una nueva vuelta de desarrollo lastrado así ad infinitum. Este pensamiento, que a otros provoca temor ante el cambio que se avecina, solo me preocupa, porque estoy convencido de que, sea como sea, el cambio llegará.

Recuerdos de la glasnot vía Spútnik

Tengo vagos recuerdos de lecturas en aquellas alucinantes revistas Spútnik de la glasnost, antes de su prohibición por el gobierno en agosto del 1989. Con ese acto de censura contra lo que se consideraba ‘la mata’ del socialismo, comenzó para mí el último capítulo de la saga del gobierno cubano, iniciado con un recorrido errabundo hacia ninguna parte, muy visible en el sector de la economía, la diáspora, los asépticos ‘rescates culturales’ y el nacionalismo repotenciado con electrodomésticos de fabricación china.

Un satírico ruso escribió algo como esto:

    En mi ciudad las personas que amaban el arte se dedicaron a estudiarlo y perfeccionar sus habilidades y llegaron a ser artistas eméritos. Los que tenían talento para las ciencias se dedicaron esforzadamente a profundizar sus conocimientos y llegaron a ser científicos de renombre. Aquellos que no se interesaban por las ciencias ni tenían talento para el arte se dedicaron a dirigir a los demás y llegaron a contagiar a todos con su mediocridad e incompetencia.

Y sobre su entorno más cercano contaba:

    Mi pequeño apartamento es igual al de mi vecino y al de muchas de mis amistades. Lo mismo se puede decir del edificio donde se encuentra. Los esforzados constructores terminaron los edificios y prestos se marcharon a construir otros en algún lugar, olvidando terminar las aceras y parques. Frente a la entrada de mi edificio hay un enorme charco, lleno de barro, que se empeña en ensuciarnos los zapatos…

    Hoy, mientras observo el deterioro del barrio, la basura regada por los perros, los ‘leones’ y los ‘buzos’ y esquivo un gran charco de fango cada vez que entro o salgo de mi edificio de prefabricado soviético, con apartamentos mínimos donde ubicar un escaparate de tres puertas o un juego de cuatro sillones sin emplear la famosa cuarta dimensión o la magia del diablo de "El maestro y Margarita" es sencillamente imposible, no puedo menos que sonreír con ironía y dolor, al recordar aquellas Spútnik de la glasnot, el hálito de esperanza que trajeron a nuestra viciada atmósfera y escuchar los ecos recurrentes del ruido de una puerta que se cerró con violencia frente a nuestros rostros.

Fantasmas del pasado

Durante largas semanas previas a las elecciones generales que recién concluyeron, hemos sido blanco de una campaña mediática a favor del voto unido. En sus distintas etapas de desarrollo hemos visto sucederse mensajes, exhortaciones y llamamientos, donde han sido involucradas figuras públicas, artistas, deportistas y cubanos de a pie. Se ha reiterado hasta el aburrimiento la imagen de la boleta electoral, donde los nombres de los candidatos son suplantados por palabras llenas de simbolismo, como Unidad, Patria, Revolución y Socialismo. De todo el conjunto interesa destacar como novedoso la exhibición de un dibujo animado que presenta una figura negativa desconocida para la gran mayoría de los cubanos jóvenes -y para muchos en edad madura. Vistiendo guayabera y gafas negras, esta figura que hace preguntas ‘raras’ puede ser identificada como un politiquero o sargento político del período pre-revolucionario. Es tan obvio su anacronismo, que ha sido dibujado con la forma típica que se representan los fantasmas en los dibujos animados, y -por si hay dudas- es llamado fantasma por otro personaje.

Si es cierto que la tradición de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos, en este caso se evidencia que la generación en el poder sólo reflexiona y dialoga con sus propias obsesiones.