El fuego es brillante y limpio

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Ray Bradbury es mi escritor de ciencia ficción favorito. A veces dudo si realmente lo que ha escrito merece ese calificativo. Él mismo ha declarado ser un escritor de fantasía y que su única obra de ciencia ficción es ‘Fahrenheit 451’. Esta novela es un buen exponente de que la ciencia ficción no es un subgénero ni un arte menor, sino una forma diferente de abordar problemas humanos en literatura, como pueden ser la literatura/novela romántica o negra. Hace mucho tiempo que no releía ‘Fahrenheit 451’ -la leí por primera vez en la adolescencia- y es de imaginar las nuevas lecturas y asociaciones que surgen de un repaso actual. En el prefacio a la edición de 1993 el autor cuenta:

"¿Qué despertó mi inspiración? ¿Fue necesario todo un sistema de raíces de influencia, sí, que me impulsaran a tirarme de cabeza a la máquina de escribir y a salir chorreando de hipérboles, metáforas y símiles sobre fuego, imprentas y papiros? Por supuesto: Hitler había quemado libros en Alemania en 1934, y se hablaba de los cerilleros y yesqueros de Stalin.

Y además, mucho antes, hubo una caza de brujas en Salem en 1680, en la que mi diez veces tatarabuela Mary Bradbury fue condenada pero escapó a la hoguera."

Recuerdo mi asombro al ver que los bomberos de esta historia quemaban en vez de extinguir, usaban el fuego para destruir casas y libros -y hasta personas. Toda la argumentación sobre la nocividad de los libros y el pensamiento reflexivo la aceptaba entonces como justificación para estructurar ese mundo alucinante donde viven personajes que no recuerdan el rocío de la hierba ni cuando miraron a la luna por última vez. En un país que proyectaba su futuro de las manos de los hombres de ciencias, que pertenecería por entero al socialismo, esta novela -publicada en el mismo año en que muere el artífice de un mecanismo de dominación tan duro y frío como el acero de su apodo, mecanismo que después llegó, recorriendo el mundo, hasta mi ciudad- no podía leerse sino como una fantástica aventura.

En la Cuba del siglo XXI, después de la caída del muro de Berlín, internet y la globalización; después de tantos años de impulso creador bloqueado y reducido a supervivencia individual y feroz, de tantas libertades y derechos escamoteados, y de la persecución contra las bibliotecas independientes, leer ‘Fahrenheit 451’ provoca experiencias mucho mas cercanas a la realidad. Clarisse es la juventud rebelde que cataliza el cambio en Montag. Mildred, la esposa, una suicida desequilibrada que solo habla con su televisor y rehúsa compartir las preocupaciones de Montag, a quien denuncia por poseer libros para salvarse ella. El capitán Beatty es un hombre astuto que ha dedicado su vida al oficio de bombero y de su muerte se deriva que no le gusta lo que hace. El sabueso mecánico es un instrumento de represión quirúrgico, identifica a su víctima por el olor y la persigue tenazmente.

A continuación cito -in extenso- unos fragmentos del diálogo Montag -Beatty. Guy Montag es el bombero protagonista, quien a partir de presenciar el suicidio de una dueña de libros prohibidos, que prefiere arder junto con su casa, comienza a cuestionar su función y el destino que le dan a los libros. Le dice a su esposa:

"Quizás algún hombre necesitó toda una vida para reunir varios de sus pensamientos, mientras contemplaba el mundo y la existencia, y, entonces, me presenté yo y en dos minutos, ¡zás!, todo liquidado."

Él ha ocultado un libro que pertenecía a la suicida y piensa declararse enfermo para no trabajar esa noche, cuando recibe la visita del capitán Beatty, su jefe, que viene a evaluar su estado anímico y a deslizarle no muy sutiles advertencias, mientras le da la versión oficial del abandono de la lectura y el pensamiento, sustituidos por las imágenes y el entretenimiento. A medida que el diálogo avanza, Montag, que siente que la casa se le derrumba encima, habla cada vez menos, repite la última frase de Beatty, hasta que deja de ser un diálogo y se convierte en un monólogo. Termina así:

"A la gente de color no le gusta ‘El pequeño Sambo’. A quemarlo. La gente blanca se siente incómoda con ‘La cabaña del tío Tom’. A quemarlo. Escribe un libro sobre el tabaco y el cáncer de pulmón ¿Los fabricantes de cigarrillos se lamentan? A quemar el libro. […] Diez minutos después de la muerte, un hombre es una nube de polvo negro. No sutilicemos con recuerdos acerca de los individuos. Olvidémoslos.
Quemémoslo todo, absolutamente todo. El fuego es brillante y limpio.”

[…]

“¿Clarisse McClellan? Tenemos ficha de toda su familia. Les hemos vigilado cuidadosamente. La herencia y el medio ambiente hogareño puede deshacer mucho de lo que se inculca en el colegio. Por eso hemos ido bajando, año tras año la edad de ingresar en el parvulario, hasta que, ahora, casi arrancamos a los pequeños de la cuna. […] La familia había estado influyendo en su subconsciente, estoy seguro, por lo que pude ver en su historial escolar. Ella no quería saber cómo se hacía algo, sino por qué. Esto puede resultar embarazoso. Se pregunta el porqué de una serie de cosas y se termina sintiéndose muy desdichado. Lo mejor que podía pasarle a la pobre chica era morirse.”

[…]

“Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, para preocuparle; enséñale sólo uno. O, mejor aún, no le des ninguno. Haz que olvide que existe una cosa llamada guerra. Si el Gobierno es poco eficiente, excesivamente intelectual o aficionado a aumentar los impuestos, mejor es que sea todo eso que no que la gente se preocupe por ello. Tranquilidad, Montag.

Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado, o cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos «hechos» que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía."

[…]

“Espero haber aclarado conceptos. Lo que importa que recuerdes, Montag, es que tú, yo y los demás somos los Guardianes de la Felicidad. Nos enfrentamos con la pequeña marea de quienes desean que todos se sientan desdichados con teorías y pensamientos contradictorios. Tenemos nuestros dedos en el dique. Hay que aguantar firme. No permitir que el torrente de melancolía y la funesta Filosofía ahoguen nuestro mundo. Dependemos de ti. No creo que te des cuenta de lo importante que eres para nuestro mundo feliz, tal como está ahora organizado.”

Fragmentos tomados de: Fahrenheit 451. Ray Bradbury. Edición Ballantine de 1981, traducción de 1993.

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4 comentarios el “El fuego es brillante y limpio

  1. max dice:

    Efectivamente, da mucho que pensar.

  2. Pablo Palma dice:

    Este tema del que hablas en El Fuego es brillante y Limpio, Güajiro, ha estado presente a través de la Historia en muchas ocasiones. En la revolución francesa, la inglesa, etc. Por supuesto, la revolución cubana no escapó a ello. La historia se repite, lo único que no en forma de círculo, sino de espiral, hacia arriba. A lo mejor esa espiral llevará a la Humanidad, y a nuestro país en particular, un día de estos a salir del círculo vicioso de mejoramientos frustrados. Creer que alguien tiene el derecho y el poder de controlar la realidad (con sus altas y bajas) a través de la represión es un error terrible para todos. Pero sobre todo, para quien tiene que sufrir la arrogancia, el narcisismo, la egolatría, y la consecuente inabilidad de "dirigir" de quienes se autoproclaman maestros y vanguardias de esa realidad. Gracias por traer a colación el tema a través de tu lectura de Fahrenheit 451. Buen trabajo.

  3. SAUCEDO MIAMI dice:

    Guájiro: Léete "Something Mean this Way Comes" –Algo Malvado para este lugar viene– Si te gusta Ciencia Ficción, hay muchos buenos: Orson Scott Card, Isaac Asimov — Sacado de la URSS como polizón en una maleta por su padre y madre.

  4. Claudia dice:

    Lamento tanto por aquellas personas quienes no son capaces de convivir y por sobre todo amar a los negros u occidentales, ser racista de que nos sirve Dios Amo a todos por igual acaso ellos no tienen sentimientos, sueños, por favor aceptemos tal cual son

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