Ángeles tutelares

Quiero traer a este blog a mis ángeles tutelares, poetas y escritores a quienes quise conocer o agradecer y diversas combinaciones de tiempo y espacio no lo permitieron. Tienen en común, también, el hecho de no estar hoy entre nosotros. A unos los alejó la vida y, como reza la sabia frase, mientas hay vida hay esperanza. A otros, irremediablemente, los llevó la muerte. Y ¿acaso hay algo comparable a la muerte de un poeta?

Es esa muerte la única frontera que reconozco para ellos, la única taxonomía, porque determina la imposibilidad de la comunicación. Dónde nace, escribe o muere un poeta cubano es materia para bibliografías, dato para la burocracia, mera circunstancia. Capricho, sea humano o del destino. Como es también antojadizo el orden en que los presentaré al lector y las palabras introductorias que les dedicaré, que no serán reseñas literarias -que muchas y mejor escritas se hayan por doquier- ni valoración de trayectoria, sino leve transcripción de sentimientos, que como a la poesía, no se debe racionalizar en exceso. Tan solo una idea fijo: no me anima segunda intención ni afán manipulador. Rechazo que se me considere capaz de reducir obras y vidas tan queridas a la simple categoría de instrumentos arrojadizos. Antes que eso, prefiero -como buen guajiro- que me parta un rayo, real o de vergüenza. Para esa batalla, otros numerosos argumentos esperan turno. Me acerco con respeto a obras que deseo compartir y ofrezco disculpas anticipadas por cualquier malentendido, siempre posible en estos agitados tiempos.

Cada uno de ellos, en determinado momento, fue muy importante para mi. Unos dejaron recuerdos de personas, lugares y fechas; otros fueron emociones despertadas por lecturas, aprendizajes, descubrimientos. Todos contribuyeron a saciar esa otra hambre, que no es solo de guayabas, ayudaron a expandir mis horizontes más allá de los límites de una finca y una cotidianidad, y a sentirme parte –partícula, ínfimo polvo cósmico- de este conglomerado de estrellas y universos que es la cultura. Todos dejaron su huella en mí, única, que agradeceré siempre. Pero, de haber sido posible, preferiría tenerlos como amigos antes que anotarlos como influencias.

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Un comentario el “Ángeles tutelares

  1. Viviana dice:

    Leo cada vez que puedo todo lo que escribes. Admiro tu coraje y tu prosa. Animo, que algo bueno tiene que pasar!Saludos afectuosos.

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