El cocodrilo, la concretera y el reloj

tic tac tic tac

y todo el tiempo perdiendo el tiempo

y todo el tiempo perdiendo el tiempo

y todo el tiempo perdiendo el tiempo

PornoParaRicardo

El fin de semana pasado fue tiempo de fiesta en la finca. Celebramos el 36 cumpleaños de mi esposa -y último, como se apresuró en anunciar a los amigos presentes. De ahora en adelante -dice, celebraré aniversarios SIN cifras. Dicho en tono de broma, aunque nadie duda de su seriedad, lo anterior ilustra lo determinante que es para gran parte de las féminas el manejo de su edad, que es equivalente, en cierto grado, al control sobre el tiempo.

En toda reunión de amigos que no se ven con frecuencia, es tema obligado ponerse al día. Conversar sobre lo sucedido en su respectivas vidas durante ese tiempo en que han estado ‘desconectados’. De manera que una buena parte del tiempo que transcurre se dedica a hablar sobre lo que ha llenado el tiempo ya pasado. Y es difícil encontrar una conversación de este tipo sin que se trate, ya sea de forma explícita o implícita, de la manera más común que tenemos de relacionarnos con el tiempo. Que es nuestra manera tan cubana de perderlo.

El buen capitán de barco sabe que la tripulación debe mantenerse ocupada o comienza a pensar en el motín. Peor aún si hay descontento por la gestión de quienes ejercen el mando a bordo -recordar la historia del Bounty. Suficientes tareas y un estricto horario son elementos indispensables, pero no suficientes, para mantener alejados los malos pensamientos. Es necesario, además, que una parte de la tripulación vigile a la otra, para que el miedo y la sospecha frenen las posibilidades de planificar la revuelta. Y aún así, a la menor oportunidad, los marineros beben, bailan, se pelean y juegan a las cartas.

El tiempo, vector irreversible y magnitud física que no se puede acumular o transferir, es el recurso determinante para la vida del hombre, visto como individuo o sociedad. Resulta lógico asumir que tan valioso recurso no debe ser desaprovechado, y derivar de esto que los grupos y sociedades se organicen para reducir sus pérdidas al mínimo posible. Pero en nuestro caso no siempre las buenas intenciones se logran en la práctica.

Por un lado colas, turnos y transporte con atraso, huecos negros de nuestro tiempo personal. Por otro, horarios, planes y programas, formas de control y organización del tiempo imperantes en la sociedad, huellas de ese Gran Crono-Arquitecto del Universo que nos hace vivir nuestra vida al ritmo de sus decisiones. Control y despilfarro parecen ser los eternos Escila y Caribdis que debe sortear el navío de nuestro tiempo. Y la travesía, que se realiza en condiciones adversas, tiene un tiempo limitado, sea por el azar o la biología. Consumiré un poco de tu tiempo en repasar algunos lugares y formas en que perdemos –o nos hacen perder- el tiempo.

La restricción comienza en los murales de la escuela.

La escuela con internado, conocida como beca, es el ejemplo perfecto para iniciar nuestra breve indagación sobre el tiempo. Puede incluir la enseñanza secundaria, o en su defecto el período de escuela al campo, también el preuniversitario y los institutos politécnicos. Puedo asegurar, a riesgo de descubrir el agua tibia, que un elevado por ciento de los cubanos menores de cuarenta años ha estado becado en algún momento de su vida.

Aquí el uso del tiempo se estructura alrededor de un horario para todo el día, de 6:00 AM a 10:00 PM, dentro del que se ordenan las actividades docentes, productivas, de servicio y restaurativas. Aparte de asistir a clases y tiempos de estudio individual, los alumnos están sometidos a un numeroso surtido de actividades que incluyen trabajo agrícola o relacionado a la especialidad técnica, prácticas deportivas, limpieza de locales y áreas exteriores, trabajo en el comedor (conocido como auto-servicio) y toda actividad social, política y militar que se determine por la dirección del centro u otras instancias.

La responsabilidad de velar por el bienestar de niños y adolescentes es muy grande, y los miembros de los colectivos que gestionan estas escuelas se ven sometidos a elevados retos y presiones. En dependencia de varios factores, entre los que menciono de paso el tamaño de la matrícula y los niveles de celo profesional de los miembros del claustro, se determina el grado de restrictividad a que se somete el uso del tiempo por parte de los alumnos. Estos, que se ven obligados a pasar una de las etapas más determinantes de su vida lejos del núcleo familiar, donde por un lado recibirán conocimientos básicos para su posterior desarrollo intelectual, y por otro definirán hábitos, preferencias, rebeldías y afectos que emplearán por el resto de su vida adulta; se las arreglan para escapar de los mecanismos de control y desarrollar un sinnúmero de actividades ‘extracurriculares’, de las cuales solo voy a nombrar una, muy natural en esa edad, que es el inicio de las relaciones sexuales.

La universidad para los revolucionarios, y las mejores ubicaciones para los integrales.

En la universidad las cosas cambian un poco. Las actividades docentes y los comedores se mantienen regidos por horarios, pero el resto del tiempo se puede gestionar con un poco más de independencia. En el repertorio de tareas se incluye una nueva, la guardia estudiantil, que puede realizarse en predios de la beca o en el campus. Variando de lugar en lugar, las condiciones de vida en la beca son más o menos flexibles y tolerantes para con las -a mi criterio- dos principales actividades que se realizan en una beca universitaria. La primera es cocinar, de forma individual o en grupos, para reforzar la alimentación , tradicionalmente deficiente. Y la segunda es la convivencia en parejas.

Comparada con el nivel anterior, la universidad puede parecer un paraíso de libertad, al menos en lo que se refiere al uso del tiempo, pero tampoco es para exagerar. Los requerimientos docentes, la alimentación y el transporte consumen tiempo. El mecanismo empleado para la asignación de las ubicaciones laborales al terminar la carrera, el denominado ‘escalafón integral’, realiza un ordenamiento de los estudiantes teniendo en cuenta, además de los resultados docentes, la participación en un variado conjunto de actividades que se equiparan y en algunos casos superan, a las calificaciones obtenidas en los exámenes. Este mecanismo de compulsión obliga a los estudiantes, prácticamente desde el inicio de los estudios, a dedicar una cantidad nada despreciable de tiempo a acumular horas de trabajo voluntario, donar sangre, realizar actividades deportivas y culturales, y asistir a cualquier otra actividad social, política y militar que se determine por la dirección del centro u otras instancias. Y como si esto fuera poco, deben dedicar parte de sus vacaciones a trabajar en las Brigadas Estudiantiles de Trabajo, las famosas y odiadas BET.

Las asambleas de ‘integralidad’, sobre todo las que se realizan en el último año de la carrera, pueden convertirse en espectáculos dignos de compararse con la lucha de gladiadores del antiguo imperio romano. Agresiones, bajezas, ‘trapos sucios’ expuestos ante la brigada para mejorar posiciones, todo un muestrario de las miserias humanas catalizadas por un absurdo sistema que intentaba crear esa utopía llamada el Hombre Nuevo.

¡Bienvenido al mundo real!

Si el paso de la enseñanza media a la superior tiene signo liberador, el comienzo de la vida laboral trae una nueva carga de responsabilidades que complican aún más el uso del tiempo por parte de los jóvenes profesionales. A diferencia de los dos casos ya vistos, el entorno laboral está sujeto a la influencia interminable de distintos sistemas, planes y requerimientos, generalmente impuestos desde niveles superiores, que sin estar relacionados directamente con la actividad productiva fundamental de la entidad en cuestión, demandan recursos para su solución. Estas actividades ‘extraproductivas’, variadas en su contenido, pueden estar relacionadas con requerimientos informativos diversos, el control interno, perfeccionamiento empresarial, vigilancia a la corrupción, lucha contra el mosquito, ahorro de energía y un largo etcétera.

Se mantienen con ligeros cambios las demandas de horarios y disciplina, la guardia estudiantil se transforma en guardia obrera, y la lucha por la integralidad se torna en ‘emulación socialista’. Aparte de sus tareas como profesionales deben participar en trabajos voluntarios, donar sangre, y asistir a cualquier otra actividad social, política y militar que se determine por la dirección del centro u otras instancias.

Tan enorme y variado cúmulo de demandas que pesan sobre la espalda del trabajador y requieren de tiempo para su resolución, puede provocar una sensación de pesado agobio en los recién graduados y les toma un cierto tiempo para adaptarse, ‘coger la marcha’. A falta de una mejor imagen, he denominado a este fenómeno la concretera. Por una parte, la vorágine del trabajo absorbe a las personas y puede llegar a aturdirlas, marearlas, como sucede a quien da vueltas dentro de la concretera. Por la otra, la adaptación a un determinado ambiente laboral, con sus reglas no escritas, jerarquías e intrigas guarda similitud con la homogenización y amoldamiento que sufren los materiales al ser mezclados en la concretera y puestos en obra.

Anoto tres efectos nocivos de la concretera, pero pueden haber muchos más. Primero, la sobrecarga. Cada nuevo requerimiento extraproductivo desgasta a las personas, que dejan de enfrentarse a su actividad con sentido estratégico y se convierten en simples apaga fuegos. Esto conduce al segundo efecto negativo, la saturación, el embotamiento de los sentidos, el ‘da lo mismo’. Y por mera necesidad de supervivencia, llegamos al síndrome de la ola. Que es la actitud de adaptarse, resistir pasivamente y ‘esperar tiempos mejores’ mientras pasa la racha y todo regresa a la normalidad.

La nueva ola.

En los últimos años se percibe un incremento y rescate de ciertos elementos de la concretera que estaban ausentes o en desuso, debido a los efectos de la crisis imperante. Algunos protagonistas de este revival laboral son los matutinos, el aprovechamiento de la sagrada jornada laboral, los estudios políticos, la limpieza y orden interior y la emulación, acompañada de nuevas formas de vigilancia, supervisión y chequeos sorpresivos.

Tanta insistencia con viejas fórmulas, que la terca realidad ha puesto en su lugar, me hace pensar que la mentalidad del capitán de barco no ha cambiado mucho en estas décadas. El afán por la integralidad oculta las verdaderas intenciones, mantener mentes y cuerpos ocupados, aturdidos en la concretera, sin tiempo para pensar y evaluar la realidad. Un individuo sometido por mucho tiempo a la concretera está tan agobiado que no acepta (y delega de buen grado) la oportunidad de decidir sobre algo. Si además, está acostumbrado al secretismo, acepta que otros, que sí saben, tomen las decisiones importantes.

Tic tac, tic tac…

El capitán Garfio, enemigo jurado de Peter Pan, era perseguido insistentemente por un cocodrilo que le había devorado su mano derecha, con reloj incluido. El ruido del reloj delataba la presencia del saurio y facilitaba la huida del capitán. Garfio vivía atormentado por el temor de que en algún momento el reloj se detendría y el cocodrilo lo sorprendería. Nuestro capitán, rodeado por una tripulación descontenta y parado encima de un gran cocodrilo, debe actuar antes de que su tiempo se agote y corra el riesgo de ser devorado.

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Esta entrada fue publicada en General.

4 comentarios el “El cocodrilo, la concretera y el reloj

  1. nacho dice:

    Que barbaro! Genial esa forma tan poetica que tienes de resumir la vida en Cuba. Lo envio a todo el mundo!

  2. vita dice:

    muy elocuente !!!

  3. Una singularidad -por lo distinto- que se transforma en generalidad. Observo en casi todos los blogs que operan desde la plataforma insular la apelación a la metáfora como expresión literaria. Metáfora que a veces es más diáfana que la más eximia de las literalidades.Pronto, sin embargo, el ímpetu libertario les empujará a expresarse sin tapujos y enarbolarán enardecidos "verdades como puños"

  4. Agrego, compañero: un saludo desde Argentina

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