Transparencia o desnudez

Transparencia o desnudez

Dicen que no es importante saber, sino conocer a quien sabe. Conozco otra variante que recomienda tener a  mano el número de teléfono del experto. Esta variante no es muy adecuada acá, pues, a pesar de las miles de nuevas líneas de telefonía móvil que se han contratado recientemente, solo uno de cada diez cubanos posee teléfono. No tengo forma de comprobarlo -y menos, de llamar al experto, porque estoy entre los nueve desafortunados-, pero debe ser una de las densidades más bajas del continente. Y, hablando de los móviles, las tarifas están bastante altas, y… Pero… ¿qué hago hablando de teléfonos, si estaba pensando en otra cosa?

Sucede que fui a llamar por teléfono a casa de la vecina del televisor siempre encendido, y vi unos fragmentos del programa La Mesa Redonda. Me llamó la atención el hecho de que estaban comentando el contenido de mensajes de correo electrónico enviados y recibidos por un grupo de ciudadanos que son, supongo, muy importantes para el gobierno, dada la especial atención que se les dedica.

Dicen que la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa. En la Checoslovaquia posterior a la Primavera de Praga y la ocupación rusa se difundieron por radio conversaciones grabadas en secreto a intelectuales opositores. Igual sucedió en la RDA, y es de suponer que haya sucedido en el resto de los países que integraban el campo socialista. Si risible me resultó ver a esos periodistas leyendo frases tan contundentes como: “el viaje de Santa Clara a La Habana cuesta tantos CUC” ó “necesito mascuantos CUC para lograr la permuta”, a mi vecina le resultó indignante que uno de ellos dijera que lo de los precios del pasaje era mentira. Y hasta se puso a hacerme el cuento de lo que le costó su último viaje a la capital. Y mientras me contaba, fui haciendo una revisión mental de lo mucho que se ha degradado el tema de las revelaciones o ‘destapes’.

En los inicios se trataba de heroicas versiones socialistas de James Bond, que revelaban planes importantes del enemigo, frustraban atentados y mostraban relojes de oro regalados por sus jefes del lado de allá, como muestra de confianza. Con el tiempo y la costumbre, dejaron de asombrarnos, a medida que los seriales de televisión inspirados en sus hazañas fueron perdiendo brillo. O decaía el talento de los guionistas, o aumentaba el tedio de la audiencia. O todo a la vez. En el año 1989 hubo sorpresa. Tremendo ‘destape’. Para variar, esta vez los agentes no estaban infiltrados en las filas del enemigo, sino en las propias. Y su preocupación no era obtener información, sino marfil, drogas y otras
cositas más. Esta historia -televisada por capítulos como una telenovela- de más está decirlo, no tuvo final feliz.

Después, en algún momento de los noventa, a tono con el lema de las bolsitas de la shoppin que decía ‘lo mío primero’, los Tabos y Suchels, apoyados por los hombres de las camisas negras, se sumergen en el mundo de la delincuencia organizada nacional. Y termino en el ‘destape’ de la Primavera Negra del 2003. Cuantitativamente, el decrecimiento es obvio. De enfrentarse al mayor imperio de la historia de la humanidad a mantener bajo control a unos pequeños ‘grupúsculos’ de gente que no practican ni predican la violencia. Y si recordamos que en algunos casos los agentes resultaron ser los líderes de sus respectivas organizaciones, ni hablar del peluquín.

Y rozando el sainete, que no podía ser de otra manera, recuerdo vagamente cierto cambio de refrigerador viejo por nuevo, un ‘doble agente’ con seudónimo de mujer y una invitación a comer cabrito y regresarse, que terminó en -coincidentemente- revelación de grabaciones.

Para estar a tono con la idea inicial, he buscado un experto, alguien que sabe. En este fragmento aparece lo que necesito para completar el post, y mucho mejor escrito. Transcribo una sección de la novena parte de ‘Los Testamentos Traicionados’, de Milan Kundera:

Miro una ventana, enfrente. Hacia el anochecer se enciende una luz. Un hombre entra en la habitación. Con la cabeza baja va de un lado para otro; de vez en cuando se pasa la mano por el pelo. Luego, de repente, se da cuenta de que la luz está encendida y de que se le puede ver. Con un gesto brusco corre la cortina. Sin embargo, no estaba fabricando monedas falsas; no tenía nada que ocultar salvo a sí mismo, su manera de caminar por la habitación, su manera de vestir con descuido, su manera de acariciarse el pelo. Su bienestar está condicionado por su libertad de no ser visto.

El pudor es una de las nociones clave de los Tiempos Modernos, época individualista que, hoy, imperceptiblemente, se aleja de nosotros; pudor: reacción epidérmica para defender tu vida privada; para exigir una cortina en tu ventana; para insistir en que una carta dirigida a A no la lea B. Una de las condiciones elementales del paso a la edad adulta, uno de los primeros conflictos con los padres, es la reivindicación de un cajón para las propias cartas y cuadernos de notas,la reivindicación de un cajón con llave; se entra en la edad adulta mediante la rebelión del pudor.

Una vieja utopía revolucionaria, fascista o comunista: la vida sin secretos, donde vida pública y vida privada no sean más que una. El sueño surrealista de Bretón: la casa de cristal, casa sin cortinas en la que el hombre vive a la vista de todos. ¡Ah, la belleza de la transparencia! La única realización lograda de este sueño: una sociedad totalmente controlada por la policía.

Hablo de ello en ‘La insoportable levedad del ser’: Jan Prochazka, gran personalidad de la Primavera de Praga, se convirtió, después de la invasión rusa en 1968, en un hombre sometido a estrecha vigilancia. Frecuentaba por entonces a otro gran opositor, el profesor Václav Cemy, con el que le gustaba beber y hablar. Todas las conversaciones eran grabadas en secreto y sospecho que los dos amigos lo supieron y les dio igual. Pero un día, en 1970 o 1971, queriendo desacreditar a Prochazka, la policía difundió estas conversaciones en forma de radionovela. Por parte de la policía era un acto atrevido y sin precedentes. Y, hecho sorprendente: estuvo a punto de lograrlo; de entrada, Prochazka quedó desacreditado: porque, en la intimidad, se dice cualquier cosa, se habla mal de los amigos, se dicen palabrotas, no se es serio, se cuentan chistes de mal gusto, se repite uno, se entretiene al interlocutor diciéndole enormidades que le choquen, se tienen ideas heréticas que no se confiesan públicamente, etc. Por supuesto, todos actuamos como Prochazka, en la intimidad calumniamos a nuestros amigos, decimos palabrotas; actuar de modo distinto en privado y en público es la experiencia más evidente de cada uno, el fundamento sobre el que descansa la vida del individuo; curiosamente esa evidencia permanece como inconsciente, no confesada, incesantemente ocultada por los sueños líricos sobre la transparente casa de cristal, y es pocas veces entendida como el valor de los valores que hay que defender. Tan sólo de manera progresiva (pero con un furor cada vez mayor) la gente se fue dando cuenta de que el verdadero escándalo no eran las palabras atrevidas de Prochazka, sino la violación de su vida; se dio cuenta (como tras un impacto) de que lo privado y lo público son por esencia dos mundos distintos y que el respeto de esta diferencia es la condición sine qua non para que un hombre pueda vivir como un hombre libre; que la cortina que separa esos dos mundos es intocable y que los que arrancan las cortinas son criminales. Y, como los arrancadores de cortinas estaban al servicio de un régimen odiado, fueron considerados unánimemente como criminales particularmente despreciables.

Cuando desde esa Checoslovaquia repleta de micrófonos llegué más tarde a Francia, vi en primera plana de una revista una gran foto de Jacques Brel ocultando el rostro, acorralado por fotógrafos delante del hospital donde seguía un tratamiento contra un cáncer avanzado. Y, de pronto,tuve la sensación de encontrar el mismo mal por el cual yo había huido de mi país; la radiodifusión de las conversaciones de Prochazka y la fotografía de un cantante moribundo que oculta su rostro me parecían pertenecer al mismo mundo; me dije que la divulgación de la intimidad del otro, en cuanto se convierte en costumbre y norma, nos hace entrar en una época en la que lo que está ante todo en juego es la supervivencia o la desaparición del individuo.

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Frank Delgado: ¿Rebelde o Insubordinado?

   Por: El Primo del Guajiro Frank Delgado estuvo en Cienfuegos el día 11 de abril. Llegó esa misma tarde por la Terminal de Ómnibus. Lo vi saliendo de allí con su mochila y dos guitarras a cuestas. Lo esperaba Antonio Enrique, el presidente de
la AHS. Y me alegró verlo con su gorra, sus gafas, riéndose y en chancletas! Y fui al Parque de las Esculturas a escucharlo esa noche.
 También quise que se acabara el concierto… Porque daba pena el audio que le pusieron a Frank. Pero nunca esperé que a Frank Delgado, que viaja en ómnibus y calza chancletas, carga con sus mochilas y guitarras, es capaz de empezar dos veces una canción porque el audio es una mi… seria, que ofrece disculpas a quienes lo escuchan, es sincero y te dice: «¡Nunca tuve tantas ganas de  acabar un concierto!»; pues nunca esperé que a ese mismo Frank le dedicara dos textos, variando títulos y alternando sinónimos, la periodista Zulariam Pérez Martí en las ediciones digital e impresa del “Cinco de Septiembre”, el Órgano del Comité Provincial del PCC en Cienfuegos.  En ambos textos la periodista espera que cuando regrese a cantar en el Teatro Terry, como prometió el trovador, «no venga el Frank “famoso” y si el trovador del pueblo». ¿Y saben por qué? ¡Ah! Porque el “rebelde” Frank, según la edición digital, “hizo honor a su fama de insubordinado”, según la edición impresa, y “prefirió darle la espalda a la prensa”. Y la prensa, ni corta ni perezosa, ¡le pasó la cuenta!   

Ahí les van las dos ediciones, la digital y la impresa. Lean, ¡a mí no e crean!  Yo, seguiré prefiriendo a Frank y lamentando textos como este(estos), firmados por una joven periodista para el único semanario local y usando un lenguaje que urge ripostar, tal vez en el próximo concierto el “rebelde” siga aun más “insubordinado”… y le siga ofreciendo sus textos a pesar de audios y otros males.  ¡Esa será la mejor de las respuestas!

Llegó la Pandilla


  

Un primo de Cienfuegos me envía este texto, inspirado en la visita a esa ciudad del trovador Frank Delgado y su reflejo en la prensa. Aprovecho para abrir la sección
La Pandilla, donde publicaré las colaboraciones de los amigos que están más desconectados que yo, pero también tienen algo que decir.

Ese instante único que ahora mismo sucede en todas partes

Es poco lo que puedo decir de Albis Torres. Es poco lo que sé. Nunca compartimos la misma estancia ni conversamos hasta la madrugada, bebiendo esos brebajes a los que son tan adictos las gentes de letras. Nunca practicamos juntos ese deporte tan cubano que denominamos ‘arreglar el mundo’. Los pocos datos que pude reunir no me alcanzaban para completar este comentario. Estuve tentado a forjar un engaño, hacer creer que sabía más de lo que en realidad sé, hacer juegos malabares con versos y palabras suyas. Tenía preparada una línea para cerrar el post que me parecía lo máximo: “Querida Albis Torres, tu siempre decías que a la radio se la lleva el viento, pero tus palabras no están en el olvido”. Suena falso ¿verdad?

Por suerte me he dado cuenta del ridículo, de la gran falsedad de ese intento de impostura. Entonces, ¿cómo enfrentarme al misterio Albis Torres?

Hasta hace dos años Albis Torres era una frágil página de El Caimán Barbudo, donde aparecían las conversaciones entre la Bruja y el Ángel, alimentando las polillas en alguna caja de recuerdos de la adolescencia. Encontrar en una feria el libro que reúne su poesía y prosa fue una gran alegría, que duró poco al enterarme de que había fallecido en el 2004 y las circunstancias en que vivió sus últimos años. Desde entonces llevo su libro conmigo, como la sombra del guajiro, intentando conjurar su ausencia.

¿Se puede anhelar lo que no se conoce? ¿Qué nos hace recorrer ese arco que va de la curiosidad a la admiración y puede llegar hasta la adoración y el fanatismo?

¿Sobre qué bases se funda esa evocación, esa identidad, el deseo de estar en el lugar, participar, conocer? ¿Es ése el poder de la literatura? ¿La magia negra de los buenos autores, que no escriben con palabras, sino con sentimientos, que resuenan y estallan en nosotros? ¿Cuánto hay en ello de envidia a los afortunados que tuvieron su tarde con Dulce María, los viajes de la sala a la cocina de Lezama, el divino dominó de Virgilio?

Solo una respuesta tengo para tantas preguntas. Fe. Quienquiera que haya escrito lo siguiente tiene para siempre mi confianza:

Hay mitos que nadie ha fabulado,

mitos como universos que habitan

en los seres humildes.

El mío son las olas y un hombre

que las vio diligentes hacer y deshacer,

el paisaje lunar de las Galápagos

y un hombre que no cruzó el océano

e imaginó, mil veces veinte, un viaje

sin riberas.

Mi país es ese instante único

que ahora mismo sucede en todas partes,

orillas de la tierra,

lugares a los que no sé ir

ni puedo, y llego sin embargo.

Amo esa alquimia de olas y pacientes orillas.

No hay mejor patria

ni asta en que poner

bandera alguna.

He aquí mi acto de fe por Albis Torres. Mi homenaje en su memoria.

VISITANTE

Llegó temprano, cantando con su voz de agua

a tocar en la puerta

y esperó paciente que lavara

la interminable fila de camisas,

se estaba bien entre las ropas blancas

y aún cantaba.

Escapó a la cocina.

Entonces él, aún más paciente

se adormeció al aroma del sofrito.

Espabilose, y sacando fuerzas de flaquezas

esperó

subido en los sillones para no enfadar a la mujer

que abrillantaba losas de monótonos trazos.

La vio sacar innumerables cosas, zurcir arrugas,

ordenar remiendos.

Pensó el poema tomarla para sí cuando muriera

la última luz en el quehacer constante de la casa.

Atrapado en sueños de fatiga

pone su mano de agua sobre el pecho de la mujer.

Piensa que volverá mañana, aún más temprano

a poseerla.

DIÁLOGOS ENTRE LA BRUJA Y EL ÁNGEL

V

-¿Qué es lo más importante en el amor para ti,

Ángel?

-Para mí, la libertad. ¿Y para ti, Bruja?

-Para mí, la sabiduría.

-¿Entonces por qué te rizas el pelo y te hechas

tantos polvos en la cara?

-¿Y por qué no vuelas tú con más frecuencia?

-Porque los rizos y los polvos te quedan bien.

-No en otra cosa gasto yo mi sabiduría.

IX

-Imagínate que una cuerda pende desde el cielo

frente a ti, Bruja. ¿Qué harías?

-Una cuerda no puede caer desde el cielo.

-Imagina que puede ser.

-¿Tiene un lazo en el extremo?

-¿Por qué una bruja tiene que pensar siempre

que las cuerdas tienen un lazo en el extremo?

-De lo contrario no sería una bruja.

-No, no tiene un lazo –contesto impaciente el Ángel.

-En ese caso, esperaría junto a ella.

-¿No correrías?

-No. Creo que no.

-¿Y para qué esperar?

-Porque una soga extendida desde el cielo

solo puede significar dos cosas:

un cabo en la distancia o un SOS.

-¿Qué harías?

-Aguardar.

-¿La ayuda que te brindan?

-No Ángel, no necesito ayuda.

-¿Esperar por quién te necesita? ¿Eres tan solidaria, Bruja?

-Me importa un bledo que alguien necesite ayuda.

-Entonces, ¿a qué esperar?

-Ángel querido, sólo una vez penderá una cuerda

desde el cielo frente a mi.

Si sigo de largo, pasaré el resto de mi vida

esperando que vuelva a suceder.

PATIO

Patio: muchedumbre de cosas extraviadas;

¿Qué habrá que nunca pude llegar a oír?

Enredillos de arañas; leve pisar brillante de babosas.

Como el enamorado pobre que llora, sin esperar

que acuda a su reclamo;

¿Qué habrá que nunca pude llegar a oír y te has

quedado tanto?

El guajiro y su sombra

Albis Torres

Existió hace mucho tiempo un guajiro enorme, con una sombra –aún más grande que él- que espantaba los caballos.

Solía la sombra a veces apurar a su dueño por el camino, o abreviar el paso, y esto lo hacía meneándose de tal manera que por mucho que el hombrón disimulara llegó el día en que nadie le hizo compañía en su caminata hasta las canteras, a donde cada madrugada se encaminaba la cuadrilla de labor.

El guajiro, torpe como era a causa del poco estudio y el mucho andar entre bestias y cristianos que no las aventajaban, sentía vergüenza y mucha soledad.

Un día, teniéndola a tiro con el rabillo del ojo, la vio rascarse detrás de una oreja, y le dio tanta rabia el verla tan fresca aliviándose la comezón mientras que él había perdido todo contacto humano por su culpa que, alzando la voz se puso a cantar:

Tantas cosas hembras veo

que ha creado la natura

todas buenas, menos una,

la única que yo poseo

La sombra quedó inmóvil a pesar de que su dueño ya andaba echándose al hombro los bártulos.

Lo que se siente al ver un hombre trajinando mientras su sombra lo observa, lo saben bien las dos ancianas que se esfumaron por el mismo recodo que venían, clamando misericordia.

Luego echó a andar la sombra tras el guajiro, por el camino bordeado de cujes que no tenía más animación que el desgarramiento de un sinsonte.

De momento dejó de correr el aire, el sinsonte paró en seco su letanía y ni el polvo del camino se alzaba. Era como si algo se hubiese detenido. Los cujes se vieron secos y desamparados como nunca, y jamás hubo camino más a la intemperie.

El guajiro no era capaz de entender lo que sucedía, y mientras se aprestaba a medir la dirección del viento desde su pulgar, brincó la sombra y se perdió, no sabe el desdichado si a su diestra o a su siniestra.

Fue entonces que el sinsonte retomó su canto y el bosque de cujes siguió siendo el mismo empolvado y anónimo de todos los días.

Si un guajiro acompañado por una sombra con criterio propio se queda sin amigos ¿qué le pasa a un guajiro que no tiene ninguna? Se sabía de él por la dirección desde la cual huían los pájaros.

A la condena de la soledad se unía la de un estado de vaguedad en el que nada presidía o seguía a sus gestos. Nada se plantaba bajo sus pies. Lo que anda con todo el mundo y se repite aún a sí misma le faltaba, y era como si nada de lo que hiciera, oyera, dijera o tocara tuviese consistencia.

Entonces decidió morirse y hubo velorio en su casa. Asistieron los agradecidos vecinos, mientras él se acomodaba endomingado en la caja entre rezos, flores y velas.

La gente hablaba de cosas de velorio y el hombre sin sombra esperaba, nervioso como un recién casado, a que le llegara el sueño y con el sueño una muerte clara, sin la compañía inquietante de las sombras.

Entonces ella entró. Arrimó un taburete a la caja donde el guajiro, más que verla, la sintió en el silencio parejo de los reunidos.

Inmóvil en el taburete, daba más lástima que miedo.

El guajiro esperó conteniendo el resuello.

Entonces ella se asomó, y el hombrón, de un brinco, la tuvo con una mano por la cintura, mientras que con la otra se hacía del arreo con el que le propinó una paliza a la rebelde, la que, aunque podía esperarse, no dijo ni pío.

Ahora va la sombra sin criterios detrás del guajiro, y cuando se desgarra un sinsonte a las doce del día, mientras camina junto a la cuadrilla de sombras tras la cuadrilla de jornaleros, tiende a girar en busca del pájaro, y el hombrón se para en seco y la mira. La mira de lado y la sombra vuelve a su gesto y anda, anda como se debe andar.

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Libros citados

Albis Torres

La habitación más tibia, Ediciones Mecenas, 2006.

10 citas y un verso por Yoani

El verso, de mi admirado Abilio Estévez:

-El cielo está en el infierno y los dos en la isla.

Todo parece indicar que Yoani no podrá recoger su premio esta noche. No voy a decir que lo imaginaba o que me sorprende, no quiero pasar por gurú o por ingenuo. No tengo tiempo para regodeos. Tan solo apuntar que la vida le dará su revancha y -cito a Ernesto Hernández Busto- que esa noche que algún día despedirá la Noche, seguro que será mucho mejor.

10 citas de Ortega y Gasset en homenaje a Yoani, nuestra Voz:

1- Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender.

2- La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora.

3- Lo que más vale del hombre es su capacidad de insatisfacción.

4- La juventud necesita creerse, a priori, superior. Claro que se equivoca, pero este es precisamente el gran derecho de la juventud.

5- Saber que no se sabe constituye tal vez el más difícil y delicado saber.

6- Puedo comprometerme a ser sincero; pero no me exijáis que me comprometa a ser imparcial.

7- No es fácil tratar con testarudos. No hay argumento que valga. Regla para tratar con ellos: «Ninguna encina se derrumba al primer hachazo; una gotera quiebra la peña más dura».

8- No lo que hicimos ayer, sino lo que vamos a hacer mañana juntos, nos reúne en estado.

9- Vivir es constantemente decidir lo que vamos a ser.

10- Yo soy yo y mi circunstancia; y si no la salvo a ella no me salvo yo.


Diccionario de Citas, Luis Señor, Espasa Calpe, S.A. © 1997.