Breves comparaciones

Si hay algo peor que la mala prensa en general, es la prensa oficialista.

Si hay algo peor que la prensa oficialista, es la prensa oficialista de provincias.

Si hay algo peor que los malos blogs en general, son los malos blogs de los periodistas oficialistas.

Si hay algo peor que los blogs de los periodistas oficialistas, son los blogs de los periodistas oficialistas de provincias.

El basurero y yo

(Texto escrito el pasado día 7 y que por motivos que pueden imaginar se publica hoy. La aclaración es para ubicar cronológicamente con respecto a la noticia publicada en Granma el día 10 sobre las sanciones a los recolectores ilegales de desechos sólidos -entiéndase buzos)

Lenta, imperceptiblemente, el basurero se ha ido haciendo parte de mi vida.

(Antes de continuar, una aclaración. A los efectos de este post se entenderá como basurero el lugar destinado para que los vecinos del barrio viertan la basura, disponga o no del correspondiente depósito. Esto se hace con el primordial objetivo de evitar ambigüedades. De haber empleado otras palabras, resultaría en títulos tales como: “El depósito y yo” ó “El contenedor y yo”, que se alejan de la idea central que es la basura. Claro que se puede ser más explícito y titular “El contenedor de basura y yo”, pero aparte de ser obvio y facilista, está demostrado que los títulos largos no atraen. Piénsese además, en las posibilidades polisémicas e intertextuales de dicho título. Creo que es mejor que deje de hablar tanta basura y siga con el comentario)

Decía que el basurero ha ido incrementando su influencia, haciéndose notar cada vez más. Les cuento. Temprano me despiertan los ruidos del cochero-basurero, que trasiega la basura del depósito a su coche, armado de guataca y pala. Aunque pocas veces va acompañado, lo escucho comentar sobre las cosas que ve en la basura, entonar décimas o hablarle al caballo A pesar de su esfuerzo, siempre deja algunas basuritas regadas alrededor. Otras se van cayendo durante el trayecto, por las rendijas del viejo coche, al ritmo de los baches del camino. Durante la noche los perros del barrio se disputan alguna sobra, alterando el orden con furiosos ladridos. En ocasiones han llegado a volcar el depósito y desparramar todo el contenido, lo que provoca maldiciones y lamentos del cochero a la siguiente mañana. Los gatos en cambio, como buenos sobrevivientes, hacen lo suyo sin llamar la atención.

Cuando se retrasa la recogida, el basurero me recuerda al Nilo de las clases de historia antigua, pues se desborda y fertiliza su ‘radio de acción’, oportunidad que aprovechan los jóvenes para practicar el baloncesto basural y los veteranos para recordar el paso -en chancletas- por campo minado. Su depósito sin tapa sirve de albergue a moscas y cucarachas y con su olor nos ayuda a saber cuando el viento sopla en su dirección. Para no ser menos que otros basureros de grandes ciudades, ya tiene sus buzos regulares. Y cuando falta el depósito, ¡cómo se le extraña! Una vez fue incinerado por algún terrorista en potencia o pirómano de barrio, vaya usted a saber, y en su lugar floreció, libre, un vertedero sin fronteras, a cielo abierto, que daba al barrio un aspecto de pueblo del oeste de película en blanco y negro, con la basura llevada y traída por el viento. Todo un primor. Claro que de contarse con los antiguos contenedores metálicos nada habría sucedido, pero estos de plástico, son tan frágiles…

A diferencia de la periferia, en el centro de la ciudad son menos frecuentes los vertederos y la basura se recoge en camiones. Pero al ser estos abiertos, la basura se derrama de ellos igual que de los coches. Y cuando se dirigen al vertedero de las afueras aumentan la velocidad y por consiguiente los derrames son mayores. Unos pocos de estos camiones basureros improvisados pertenecen a la empresa de servicios comunales y otros vienen prestados de diferentes lugares. He escuchado decir que por no detenerse en los puntos de recogida de pasajeros se castiga a la empresa responsable del camión privándole de este por algunos días o semanas, y enviándolo a la recogida de basura. El antiguo camión recolector compactador de basura, que se importaba de algún antiguo país socialista, ha desaparecido casi por completo. Esto me hace pensar que su tecnología era mucho más avanzada que la de los autos Lada, motos Ural y jeeps UAZ (alias yipe Burro) que aún se mantienen circulando por calles y carreteras.

Pero quién dijo que todo está perdido. Periódicamente, y en concordancia con algún plan tareco o ejercicio Meteoro, llegan atronando por el barrio un enorme cargador frontal (conocido popularmente como palita) y un aún mayor camión de volteo y se llevan la basura, el césped y parte de la tierra del basurero. A veces destrozan también las aceras, que se construyeron para la circulación de peatones y no de estos enormes y ruidosos equipos empleados en la construcción. Que además, vienen siempre acompañados de seis gordos bigotudos y conversadores, muy bien vestidos y equipados con celulares y ‘trunkins’, que se reúnen bajo el árbol más cercano al basurero y viajan en Ladas o jeeps. Toda esta escena -algo surrealista, lo confieso- provoca las quejas del vecino de los bajos, que es ingeniero retirado, que con dolor comenta algo acerca de los bárbaros y el despilfarro de combustible.