El viejo, la Internet y yo – Segunda parte

No creo necesario listar las dificultades que impiden el acceso a la Web del ciudadano común, tan solo apuntar que son mayores que las que impiden el acceso al mar. Es tema presente en los blogs, y hasta le hemos creado uno propio, Potro Salvaje, donde con humor nos reímos de nuestras limitaciones. Tampoco creo posible -sin pecar de Perogrullo- describir el potencial liberador que tiene la Internet, con la posibilidad de intercambiar información fuera del cerco establecido por el gobierno. Me interesa más destacar su efecto. Su influencia en la sociedad cubana de hoy, donde comenzamos a dar tímidos pasos, que pueden ser el comienzo de una nueva organización de la sociedad civil. La “guerrita de los emails”, el “caso”  Eliécer Ávila -drama en dos actos- y la liberación de Gorki Águila serían historias imposibles de no existir la Internet. Tímidos pasos, pocos caminantes, pero sabemos cómo es que se inicia el viaje más largo.

En el mundo actual son imposibles las autarquías de cualquier género. Las necesidades -no ya de desarrollo, sino del simple mantenimiento de las tecnologías informáticas- obligan a hacer aperturas,  integrarse al mundo. La economía toda se organiza como una red de redes de cadenas de valor añadido. El instinto de supervivencia, por otra parte, tira a la cerrazón, al control absoluto. Mientras nuestro gobierno se estanca en esa contradicción, la sociedad paga el precio de hipotecar un poco más su futuro. Armados de paciencia y memorias flash, trabajamos hacia adentro creando redes informales de intercambio de información. Hacia afuera, hacemos oír nuestra voz mediante los blogs, tejido de retazos de la realidad nacional tal como la vemos. Y nuestra voz gana credibilidad y espacios.

En la novela negra clásica hay una escena que me gusta recordar. Es cuando el protagonista recibe una golpiza a modo de advertencia. La agresión le confirma a nuestro Marlowe que ha tocado un punto sensible, que algún viejo capo mafioso o político corrupto quiere sacarlo de la trama. Las medidas en contra de varios de nuestros blogs y el hostigamiento de los que se dedican “al monitoreo constante de Internet, la emisión de reportes y combate como tal en esta área”, constituyen evidencias del interés con que se sigue nuestro ejercicio de la voz, y hablan indirectamente de su prestigio. Los patéticos intentos por denigrar nuestras ideas, amalgamándolas con las consabidas viandas del ajiaco oficialista, a saber: el bloqueo norteamericano, el financiamiento exterior y las campañas mediáticas; o los ataques a sus autores mediante la mentira y la descalificación personal, exponen la falta de argumentos de los censores y la conveniente amoralidad de sus ejecutores.

Esos pescadores jóvenes, que navegan en botes de motor facilitados por su poderoso patrón, nos embisten, nos lanzan chorros de agua, intentan hacer naufragar nuestras precarias balsas y botes de vela, impulsados por quien sabe qué alucinógena combinación de incultura, credulidad y entusiasmo. Ellos son el instrumento visible de un pensamiento atrincherado y beligerante, que establece que el Internet es un potro al que hay que domar, ágora donde sólo se escuche una sola voz, el enemigo a enfrentar, vencer y destruir. No debería sorprender el empleo del género masculino para fabricar una confrontación, es difícil disfrazar lo femenino con una imagen antagónica, requiere violentar nuestra tradición de respeto y protección hacia la mujer.

¿Qué hacer frente a tal combinación de ortodoxia e ignorancia? Creo que todos podemos aportar a la respuesta, solo me permito destacar dos aspectos. El primero es la creatividad. Nada es tan desconcertante para un pensamiento rutinario como la variedad, el cambio. Encontrar nuevas maneras de sortear los viejos escollos, evitar las trampas de los bajíos, el arrastre de las resacas. Emplear la inteligencia para ser montaña frente al mar y viceversa. Lo segundo es el humor. Quienes leyeron ‘El nombre de la rosa’ de Eco recordarán como los viejos monjes temían a la risa más que al mismísimo demonio. Si hay algo que desarma con eficiencia y eficacia la más almidonada solemnidad es un poco de buen choteo criollo, así que no renunciemos a recurrir a la trompetilla como herramienta. No olvidemos que un tarrayazo no le viene mal a nadie. Incluso, a nosotros mismos.

El viejo, la internet y yo – Primera Parte

Soy guajiro. Nací monte adentro en un islote de bohíos rodeado de cañaverales. A los nueve años, fui por primera vez a una playa. A los dieciséis, salí por primera vez a pescar en un pequeño barco. Desde entonces me gusta el mar. De esa época, ya lejana, guardo el sueño de una casa de madera desde la que pueda verlo, un lugar para envejecer respirando salitre y calentarme el cuerpo con el sol de las mañanas. Yo, como tantos otros, antes y después, sueño con el mar.

En su novela ‘El viejo y el mar’ Ernest Hemingway comenta sobre la costumbre de usar el género femenino para referirse al mar. Dice que los que la quieren pueden hablar mal de ella, pero lo hacen siempre con respeto, como si fuera una mujer. Algunos pescadores jóvenes, que tienen botes de motor comprados en tiempos de bonanza, hablan del mar como de un contendiente o un lugar, o como se habla a un enemigo. Pero el viejo Santiago lo concibe siempre perteneciente al género femenino, como algo que concede o niega grandes favores, y si hace cosas perversas y terribles es porque no puede evitarlo. Hasta la luna le afecta lo mismo que a una mujer.

Desde los tiempos antiguos el hombre se ha hecho a la mar para comunicarse, comerciar y guerrear. Grandes han sido los avances en la navegación. Grandes han sido también las catástrofes que esta dama veleidosa ha propiciado para contener nuestros excesos de orgullo. Aún en nuestra época de telecomunicaciones globales y navegación asistida por satélite, los marinos la recorren con ancestral respeto. Saben que en cualquier momento pueden verse enfrentados a su furia, a veces mortal.

Nosotros los cubanos, que siempre hemos andado por los caminos de la mar, lo mismo en rescate y contrabando con filibusteros que haciendo pesca de altura en fríos mares del norte, llevando tropas a África (amontonados en las bodegas de los barcos, semejante a como traían a los africanos convertidos en esclavos a la fuerza) o trayendo bicicletas de China, nos encontramos actualmente, aunque parezca paradójico, muy alejados del mar. Sus deliciosos frutos, que ayudaron a desarrollar el cerebro de los hombres primitivos, están ausentes desde hace décadas de nuestras mesas. Mantener un barco es un problema muy superior a poseer un automóvil. Para hacerse a la mar hay que tener autorización, y como resulta grotesco pedir permiso para divertirse, quienes salen lo hacen en busca de un producto para consumir o comerciar. Triste paradoja vivir en una isla y darle la espalda al mar.

Si paradójica es nuestra relación con el mar, la que tenemos con la Internet no lo es menos. Esos dos universos, de disímil apariencia, tienen mucho en común. El primero es de origen natural, se creó mucho tiempo antes de que el hombre caminara por sus costas y de él surgió la vida en el planeta. La segunda es artificial, producto reciente de la ciencia humana y está cambiando radicalmente la forma en que se desarrolla la vida, tanto a nivel individual como a escala planetaria. Por ambos se navega y se hace surf, se emplean los puertos y las coordenadas, en ambos se llevan bitácoras y se trazan rutas. Desde la comodidad de una habitación, personas en todo el mundo se hacen a la red para comunicarse, comerciar y guerrear. Nosotros los cubanos, hijos de la excepcionalidad, a pesar de la maldita circunstancia de la fibra óptica por todas partes y la promesa de informatizar la sociedad, seguimos hoy, a fines de la primera década de un nuevo siglo promisorio, muy desconectados de la Internet.

Al igual que una pasión tormentosa nos revuelve la vida, el acceso a la red de redes marca un antes, y -si por desgracia se pierde- también un después. Como las drogas, su uso provoca adicción y también euforia. Desde aquella madrugada de fines del siglo pasado, cuando, frente a una oscura consola UNIX oficié por primera vez el milagro de escribir una dirección URL y recibir el hipertexto correspondiente, hasta los breves años felices en que pude estar en contacto regular con ella, yo, como tantos otros, antes y después, sueño con la Internet.

A Sindo lo que es de Sindo

Varios lectores me han atribuido erróneamente la autoría del cuento de Sindo Pacheco. Otros, en sus elogios, han mencionado a dos grandes de la literatura cubana, Alejo Carpentier y Onelio Jorge Cardoso. Creo que de estar viviendo en Cuba, la vida de Sindo correría peligro. Desde que leí por primera vez su cuento, hace ya un par de años, me gustó tanto que quise robármelo. Ahora, inflado el ego escritural por tantos buenos elogios, he pasado algunas madrugadas en vela, haciendo oscuras maquinaciones para cometer, con total premeditación, plagios -literarios- y asesinatos -nada literarios.

Bromas aparte, lo cierto es que ha sido la calidad de su cuento la que ha generado tantos buenos comentarios. Y eso es producto innegable del talento y oficio de narrador de Sindo Pacheco. Para que puedan conocerlo un poco mas, copio aquí una breve reseña de sus éxitos literarios y cierro reiterando un breve comercial. Como ya dije en su presentación para el blog, Sindo tiene obras por publicar, un volumen de cuentos y dos novelas. Cualquier ayuda para encontrarle un editor será bienvenida.

(A los comentaristas, sepan que hice anotar sus nombres y direcciones IP. Cuando publique algo mío, si no lo celebran con el mismo o mayor fervor, los voy a desterrar del blog.)

Sindo Pacheco nació en Cabaiguán, Cuba, en 1956. Ha publicado ‘Oficio de Hormigas’ (cuentos, 1990) Premio Abril a las mejores obras dedicadas a los jóvenes; y las novelas ‘Esos Muchachos’ y ‘María Virginia está de Vacaciones’. Esta última recibió el premio latinoamericano Casa de las Américas, el premio anual La Rosa Blanca que concede la Unión de Escritores y Artistas de Cuba a las mejores obras dedicadas a niños y jóvenes, y el Premio de la Crítica a las mejores obras publicadas en Cuba durante 1994.

En 1995 recibió el premio Bustar Viejo, de Madrid, España, por su cuento ‘Legalidad Post Mortem’. Cuentos suyos han aparecido en antologías del género en Cuba en diferentes revistas como Bohemia, Letras Cubanas, Casa de las Américas. Algunos de sus cuentos han sido publicados en México, Rusia, Venezuela y España. En 1998 la Editorial Norma, Colombia, publicó su novela juvenil ‘María Virginia, mi amor’; y en el 2001, su novela ‘Las raíces del tamarindo’, fue finalista del Premio EDEBÉ, y publicada por dicha editorial en Barcelona. En el 2003 la Editorial Plaza Mayor, de Puerto Rico reeditó su novela ‘María Virginia está de vacaciones’.

Actualmente reside en Miami, Estados Unidos.

Muchas gracias

A ti, estimado visitante, que llegas a este blog por azar o costumbre, invitado por Yoani o cumpliendo órdenes superiores. Que has empleado parte de tu precioso tiempo en venir hasta acá y dejar un comentario, un consejo, unas palabras de ánimo. Quiero decirte que no he pensado abandonar el blog, al menos no seriamente. La idea aparece, como pregunta retórica, en un texto enviado a una reunión de bloggers isleños. De ese encuentro para intercambiar experiencias, a punto ya de hacerse, tendremos pronto noticias. Te prometo, además, publicar una versión adaptada en el blog.

Te pido humildemente que tengas paciencia. No puedo postear más a menudo, por razones obvias. Si a veces te parece que divago (entiéndase que hablo boberías), que pierdo el tiempo comentando de canciones o películas, con tantos problemas que tenemos, te pido comprensión. Soy un guajiro con alma de artista, y tengo una musa muy variable. Como dice uno de mis poetas favoritos, el habanero Juan Carlos Flores: “Soñar, cuando la realidad nos cansa, volver a la realidad cuando soñar nos cansa./ Ser Ulises, donde nadie te espera”.

Debes saber que el estilo periodístico fiel-reflejo-de-la-dura-realidad no se me da bien. Te invito a comprobarlo, analizando los primeros textos publicados. Además, ya tenemos buenos periodistas, dentro y fuera del país. Tampoco esperes una denuncia constante de los atropellos y violaciones que cometen nuestros gobernantes en detrimento de los derechos y libertades que nos corresponden como seres humanos y ciudadanos de un estado que se supone moderno. En cada rincón del archipiélago hay un periodista independiente, un activista que hace su trabajo y lo firma con su nombre, dando la cara cada día, exponiéndose a perder esa pequeña libertad que ha ganado a costa de un gran sacrificio. Yo, que me oculto tras una colorida máscara, comparado con él, no soy nada y nada merezco.

A ti, que sumas años de exilio y nostalgia, y vienes buscando un momento que te ayude a vivir. No nos juzgues con severidad si no actuamos como supones deberíamos hacer. Así somos, tal como nos ves. Somos el resultado de un sistema que intentó vaciarnos en un único molde, y de pequeñas y grandes rebeldías para no dejarnos amoldar. Cada uno con su historia, su desengaño y su ruptura. Cada uno a su manera, pero cubanos todos. Por mucho que han tratado, no han conseguido que yo te vea como un enemigo o un traidor. Sé bienvenido.

Si los textos que publico te parecen largos, es porque no tengo tiempo ni neuronas para hacerlos más cortos. Como muchas cosas de mi país, soy extensivo, casi derrochador por naturaleza. Todos quisiéramos escribir como Yoani, pero por suerte, no podemos ser Yoani. Ella es única. Aunque sería muy bueno que muchos fueran como ella. Ese gesto de pedir a sus numerosos lectores que vinieran a darme ánimo dice mucho de sus sentimientos humanos. A ella envío mis mayores agradecimientos.

A tod@s, de nuevo, muchas gracias. Y nos vemos…