Miserias cotidianas – Primera Parte

Tienes un día complicado. Mientras batallas con tantos problemas sin solución, un amigo viene a pedir prestado algún objeto, quizás una herramienta. Regresas al caos doméstico y al poco rato olvidas a quién has prestado el objeto. Pasa el tiempo y no lo devuelven. Tus esperanzas de recuperarlo se esfuman como el salario recién cobrado. Constatas que en tu entorno cercano hay alguien capaz de robarte a cara descubierta.  Un golpe más a tu ya maltrecha inocencia. Te torturas imaginando a esa persona disfrutando de lo que te ha costado tanto trabajo obtener, lo que está pensando de ti, riéndose,  tildándote de comemierda. Haces un recuento de la larga lista de cosas que has perdido en circunstancias similares. Con un poco de dolor en el alma, levantas un poco más el muro de desconfianza que te separa de los demás.

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