Miserias cotidianas – Segunda Parte

Prestas algo a un amigo. Esta vez no olvidas a quien. El tiempo pasa y no lo devuelve. Confiando, decides esperar un poco más, al fin y al cabo es un amigo. Pasa el tiempo y no devuelve lo prestado, pero no te preocupas. Confías en tu amigo. Un buen día vas por la calle y el amigo camina hacia ti. Cuando él te ve y bruscamente cambia de dirección, perdiéndose de vista, tus esperanzas de recuperar ese objeto se esfuman como el salario recién cobrado. Constatas que hace tiempo que te elude. Con un poco de dolor en el alma olvidas el amigo y anotas el objeto como precio de esa persona que ahora se aleja de ti sin mirarte.

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